Drogas

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Hay algo a lo que soy adicto y quisiera compartirlo. Siempre metido en mi bolsillo, siempre disponible, siempre atento. No hablo del smartphone, por si alguien ha querido adelantarse, voy un poco más allá. Es el hilo conductor de mi vida, ahora en mi muñeca, pero no hablo del smartwatch tampoco. Trato de hablar de aquello que lo une todo, lo que me permite a la vez alcanzar la felicidad más absoluta o sumirme en una oscuridad donde ni el candil más potente podría alumbrar. A todas horas, en el aire o de punta a punta, ¿lo vais cogiendo?¿todavía no?. Mi familia lo consiente, de hecho le da igual, lo han ido aceptado con el tiempo y he conseguido engancharlos a ellos también. ¿Qué queréis que os diga? Por cada segundo de amargura que me causa, me ha hecho pasar horas de felicidad, de abstracción, perder la noción del tiempo y sumergirme en mundos que ni el mismo Julio Verne hubiera podido imaginar, por muy adelantado a su época que fuera. ¿Ahora tampoco?. Dar cosas por sentado es igual de dañino que tratar de desafiar al mundo sin justificación. Cometemos errores, somos humanos, pero tenemos la virtud de darnos cuenta, analizar cada situación y así conseguir avanzar. No os hago esperar más, mi vicio más profundo está provocado por un número y una letra: 4G.

Es día 15 del mes, mi camello V me suministra mi dosis mensual de “Power to you”. En un comienzo cuando me presentaron a V éste me dijo: “No te preocupes, con medio giga vas bien para empezar, pero lleva cuidado que esta mierda engancha y no serías el primer tonto que se me muere. Si sabes controlarte, llegarás lejos”. Y así fue. En un principio me daba vergüenza consumir en público, no estaba bien visto. Escuchar música en el metro con el iPod sí lo estaba, pero para mí eso era de aficionado, un quiero y no puedo. Con el tiempo me desinhibí y me daba igual que me vieran metiéndome una raya de megas, cortada con móviles cada vez más finos de camino al trabajo. Unos megas no hacen daño y el camino parece más corto. Las cenas en pareja ya no son lo mismo, y entre plato y plato dices ¿y por qué no? voy a pincharme un poco, lo vintage se lleva. Pasan los años, y ese medio giga ya no es bastante, ahora lo quiero completo. Pero da igual, se acaba más rápido todavía y aquí es cuando empiezan los problemas. Estoy en el andén esperando al tren, quiero mirar desde lo más alto y ver que se cuece en el mundo, llamo a Larry, pero el pajarito azul no viene, él también necesita su dosis para hacer magia. Yo me enfado, solo puedo mirar a un círculo que da vueltas infinitamente esperando poder colocarme. Llego al trabajo, estoy tenso y nervioso porque a nadie le gusta no encontrar la respuesta. Igual con paciencia al final consigo reunir unos megas, excusarme para ir al baño y poder gozar cinco minutos de aquello que me ha sido privado antes. No hay manera, V es muy estricto y no consiente que sus clientes se pasen de la raya. No pierdo la esperanza, cuando acabe mi jornada hablaré con él y seguro que nos entendemos, pero no es así, V me lo da y me lo quita como un caramelo, juega con mis sentimientos y me dice que espere hasta el próximo mes que le llegará la nueva mercancía.

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El ciclo se repite, miras a la pequeña pantalla sin poder hacer nada, esperando a que se ilumine la bombilla del placer y la satisfacción que obtenemos cada vez que conseguimos aquello que con obsesión perseguimos. Lo intentas dejar, controlarte, pero la presión social no lo hace fácil. Hablar por W, conectarte por F y en definitiva un abecedario en forma de espiral maldita, infoxicación y la sensación de no llegar a todo. Llega la noche, y tras el consumo moderado que precede a la conclusión del día, lo dejo en la mesita, reposo la cabeza en la almohada y antes de poder cerrar los ojos me hago la misma pregunta una y otra vez: ¿estaré enfermo?.

Aquello que nadie te cuenta

Tras caricaturizar al mundo en el que vivimos y poner en entredicho mi salud mental, me gustaría hablar de las consecuencias de dicha conducta. Sin embargo, no voy a hablar desde el prisma de siempre en el que se suele decir que la tecnología nos lleva a aislarnos en nosotros mismos aun cuando estamos permanentemente conectados con otras personas. Quisiera llevar la conversación en otra dirección y apuntar directamente hacia las empresas. Estas organizaciones necesitan de nuestra adicción para recopilar datos de nosotros mismos y después, por ejemplo, servirnos mejores anuncios. ¿Es esto un problema? Sí y no. Ni creo que las empresas tecnológicas sean hermanas de la caridad, ni tampoco creo que de buen grado colaboren con agencias como la NSA. Hablo sin saber, y lo admito, pero tengo un argumento con el que defenderlo, probablemente uno que peca de idealista, pero lo tengo: al final los que te están haciendo ganar dinero como empresa son tus usuarios y “ceder” la privacidad de tus clientes a gobiernos y agencias es como hacer un Froilán (pistola, pie… ya sabéis de que hablo), por esto imagino que para ellas el dilema moral existe.

Volviendo al tema, no es malo ceder parte de nuestra privacidad a empresas de internet como Google y Facebook porque no somos más que números que están conectados a sus algoritmos. En sus oficinas no hay ingenieros diciendo: “Alejandro acaba de decir que se siente decaído, vamos a recomendarle un antidepresivo en forma de anuncio en el timeline”. Es, simple y llanamente, una máquina que lo procesa todo. Deberíamos de ser menos recelosos en ese sentido. Entonces sabiendo esto, ¿campamos a nuestras anchas por internet sin más?. Tampoco. Hay que saber lo que uno hace y no ir a lo loco. Es fácil criticar a las empresas de falta de transparencia, y me parece bien porque lo hay, pero también invitaría al usuario medio a que reflexionara un poco sobre las implicaciones que tienen sus actos en internet. Entiendo que no todo el mundo es un obsesivo compulsivo de lo que pasa en la red como yo, pero la táctica del “siguiente, siguiente” no es buena dentro de internet.

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Google, también conocido popularmente como el Gran Hermano de internet, está cambiando su forma de actuar. En los últimos meses hemos visto un ejercicio de transparencia tan importante como la remodelación de su panel de ajustes de privacidad donde de forma sencilla tenemos control de todo lo que Google sabe de nosotros y por qué. Y ese, amigos, es el camino a seguir, acercamiento de las posturas, pero por las dos partes.

Conclusión

Acabo de releer el post y parecen dos partes escritas por personas diferentes. Tono, vocabulario e intensidad son totalmente contrarias, pero era la intención que tenía. Espero que no se haya hecho una lectura muy pesada y que sobretodo os haya hecho reflexionar sobre dos puntos importantes: que internet ha de ser consumido con moderación y que es vital entender lo que provoca cada acción que hacemos en el mundo digital.

Y por si os habéis quedado con ganas de más, estamos preparando un post en el que conoceréis de primera mano como funciona internet desde dentro, sobretodo desde el punto de vista de la relación usuario-empresa que acabais de leer y el mito del Gran Hermano. ¿De qué serviría pediros que reflexionéis si no os ponemos las herramientas necesarias para ello? 😉

¡Hasta la próxima!

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